miércoles, 10 de mayo de 2017

SISTEMA INMUNOLÓGICO DE DEFENSA




Los microorganismos que causan enfermedad en seres humanos y animales entran al cuerpo en diferentes sitios y producen síntomas de enfermedad mediante diversos mecanismos. Muchos agentes infecciosos diferentes pueden causar enfermedad y dañar tejidos, y se denominan microorganismos patógenos o patógenos.

La mayoría de estos microorganismos patógenos no logran ingresar al individuo, gracias a las barreras físicas y químicas que éste presenta. La barrera física más importante es la piel; la integridad de ésta, junto a la secreción de mediadores químicos, evita el ingreso de microorganismos patógenos. Asimismo, las mucosas poseen una serie de atributos (secreciones, flujo ciliar) que dificultan el ingreso de microorganismos por esa vía.

Además, la existencia de poblaciones microbianas no patógenas residentes (flora normal), también impide la colonización de las mucosas por agentes infecciosos. La mayoría de los microorganismos que logran evadir estas barreras y producir infección, son destruidos en pocas horas por mecanismos no específicos de inducción rápida (inmunidad innata). Sin embargo, si un agente infeccioso es capaz de superar esas primeras líneas de defensa, se activará, en la mayoría de los casos, un tipo de respuesta de defensa (inmunidad adaptativa), altamente especializada y específica. Ésta logrará, en la mayoría de las situaciones, controlar la infección y suprimir la enfermedad. Además, de este proceso resultará la generación de memoria inmunológica, que permitirá al individuo en el próximo contacto con el mismo agente, responder más rápida y efectivamente.

Mecanismos efectores de la inmunidad innata

1.    Barreras epiteliales

Las superficies epiteliales y su estado integro en conjunto forman una barrera física que separan el medio del huésped. Existen tres importantes interfaces, que son: la piel, el epitelio respiratorio y el epitelio digestivo. Estos epitelios además de constituir una capa protectora, poseen otras características que lo hace inmunológicamente importante, tales como: la síntesis de péptidos antibióticos, subpoblaciones de linfocitos intraepiteliales y células dendríticas.

o   Péptidos antibióticos: La piel posee la capacidad de sintetizar y secretar proteínas con capacidad antibiótica y antimicótica denominados “Defensinas”. Estos son péptido de 29-34 aminoácidos, que aumentan sus concentraciones presencia de IL1 y TNF (factor de necrosis tumoral), ambos secretados por los macrófagos activos. El epitelio intestinal también produce una proteína con potentes efectos antimicrobianos denominada “Criptocidinas”.

o   Linfocitos T intraepiteliales: Este tipo de células es una subespecie de linfocitos T y por lo tanto debería ser considerado como parte de la inmunidad adaptativa. Pero, este linfocito T, presenta una limitada diversidad de receptor antigénico, además las cadenas del TCR (receptor de las células T) no son αβ (como el resto de los linfocitos T), si no γδ. Otra diferencia de gran importancia es el hecho de que estos Linfocitos T intraepiteliales no reconocen al MHC (complejo mayor de histocompatibilidad) si no a una proteína similar al MHC, denominada CD1. Debido a estas notables desigualdades se considera al Linfocito T intraepitelial como parte de la inmunidad Innata. Una vez activado, el linfocito T intraepitelial, secreta una variada gama de citoquinas proinflamatorias como: IL1, TNF, Linfotaxinas e INFγ.





o  Linfocitos B-1: Son células presentes en el epitelio de la cavidad peritoneal su receptor antigénico, posee baja diversidad y su estructura es similar a la del receptor del linfocito T intraepitelial. Las células B-1 secretan permanentemente IgM específica para antígenos compartidos por una amplia variedad de bacterias, tales como la “fosforilcolina” y el “lipopolisacarido o LPS”.
2.    Células efectoras

o     Neutrófilos o leucocitos polimorfonucleares: alcanzan el sitio de la infección en pocas horas y son los responsables de la primer “oleada” de células encargadas de la respuesta del huésped. Los neutrófilos presentan en su interior gránulos cuyo contenido es rico en lisozima, colagenasa y elastasa.



o  Monocitos/Macrófagos: Los monocitos son células maduras precursoras de los macrófagos. Los macrófagos son células de mayor tamaño y capacidad fagocítica que los neutrófilos, además poseen la capacidad de unirse a otros macrófagos y así originar las “células gigantes”, con una capacidad fagocítica aún mayor, estos constituyen la segunda “oleada” de células que acuden al sitio de la infección. Existen, además de los monocitos y macrófagos circulantes, otros macrófagos que se encuentran como células residentes de cada tejido, por ejemplo: en el hígado existen las células de Kupffer, en el SNC encontramos a la microglia y en los alvéolos pulmonares a los macrófagos alveolares.
o     Células NK: Las células NK son un tipo de linfocitos, que participan en la inmunidad frente a virus y a microorganismos intracelulares. Este tipo celular posee moléculas que reconocen al MHC I (el MHC I está presente en todas las células del cuerpo), de esta manera, si una célula expresa péptidos antigénicos en su membrana unida a moléculas del MHC I, las células NK las reconocerán y serán activadas. Las funciones efectoras de las NK son, la destrucción de las células infectadas y la activación de macrófagos. Las funciones líticas de las NK, son llevadas a cabo mediante dos proteínas que se encuentran en el interior de gránulos citoplasmáticos, denominadas, “perforinas” y “granzimas”. Las perforinas, crean un poro en la membrana de la célula blanco, mientras que las granzimas ingresan por este poro e inducen la apoptosis.





3.    Proteínas efectoras

o  Sistema del complemento: Este es un grupo de proteínas plasmáticas, cuyas principales funciones son: La inflamación, opsonización de microorganismos y lisis bacteriana. El reconocimiento del microorganismo y la activación del sistema del complemento, se realiza a través de tres posibles rutas:

§    La vía clásica, capaz de reconocer a los microorganismos recubiertos de anticuerpos.

§        La vía alterna, capaz de reconocer a estructuras propias de las bacterias.

§   la vía de las lectinas, que puede reconocer a una proteína plasmática denominada: “lectina de unión a manosa”, que reconoce los residuos de manosa en las glucoproteínas y glucolípidos de la membrana de la bacterias, a los cuales se adhiere y de esta manera puede ser reconocida por el complemento.

o   Proteína C reactiva: Pertenece a un grupo de proteínas denominadas: “proteínas de fase aguda”. Porque, sus niveles plasmáticos aumentan considerablemente durante los estados infecciosos agudos. Esta es una proteína capaz de unirse a los fosfolípidos de las cápsulas bacterianas. Además posee la capacidad de activar al complemento por la vía clásica.



BIBLIOGRAFÍA:

Murphy, K. (2009). Introducción a la inmunobiología e inmunidad innata Capítulo 2 Inmunidad innata.




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